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viernes, 27 de abril de 2012
El nieto en casa de su abuela
Asqueada por la trayectoria política de este individuo, que es vacua y espantosamente acomodaticia, de su persona evidenciada ante los medios (trivial, superflua, ignorante) y por los chismes de radio pasillo que se dicen de su vida personal (el mujeriego, padre desobligado, homófobo, homosexual de clóset) me di a la tarea de parodiar su más reciente batería de spots, en los que, dado que carece de propuesta política, se dedica a hablar de cómo fue su infancia en Atlacomulco de una manera pasmosa y anodina.
Sé que me quedé corta por mucho, no estoy del todo satisfecha con esta página, pero veremos qué comentarios gana esta nueva colaboración en la edición de El Chamuco #249.
¿Qué esperan para ir corriendo a comprarlo?
lunes, 23 de abril de 2012
La primeriza
Esta página se publicó en la edición #248 de la revista de caricatura y sátira política El Chamuco y los hijos del Averno.
Es cierto que colaboro en dicha publicación como asistente editorial y webmaster desde hace dos años.
Hace cinco años, cuando el infame pasquín catorcenal estaba a punto de volver a las andadas, El Fisgón me sugirió hacer unas páginas para entrarle a la monería moneadora. Yo, honesta y cobardemente, no me sentía lista.
Dejé de dibujar todo este tiempo por andar dedicada a otras tantas cosas como darle la vuelta al mundo. Anduve metida en una agencia internacional de noticias china y en editoriales de poca o de mucha monta. Anduve incluso hojalateando los dibujos de otros muchos moneros, ya instalada en la revista que ha sido mi mejor escuela... hasta que me venció la tentación.
Una vez acabados los pretextos, –que no el miedo a meterme entre las patas de los caballos- aquí presento este monstruoso ejercicio que espero sea el primero de muchos más.
martes, 31 de octubre de 2006
El hijo de la tormenta
Cuando el problema del narcotráfico no había cobrado todavía tal dimensión, y más aún, cuando Fox parecía ser el presidente de este país, se me ocurrió hacer esta historieta, que se publicó después en una versión más local en la revista TRANSEÚNTE, gestionada de forma independiente por un puñado de románticos e inquietos periodistas, artistas gráficos, diseñadores e historiadores que buscaba hacer una publicación incluyente para jóvenes en el Distrito Federal.
Valga la aclaración: estaba inspirada en el padre de Tony Tormenta, conocido capo que por su juventud y despiadada manera de tratar a su clan tenía fama de ser un enfant terrible del narcotráfico. Por eso se llamaba "El hijo de la Tormenta".
Aquí van su primera versión, que por cierto, y aunque se publicó en otro formato y a dos páginas, nunca vio realmente un buen estilo de dibujo, por lo que las exhibo aquí, no sin demasiada vergüenza por mis trazos incipientes, burdos y llenos de admiración por Quino, Fontanarrosa, Crumb...
Valga la aclaración: estaba inspirada en el padre de Tony Tormenta, conocido capo que por su juventud y despiadada manera de tratar a su clan tenía fama de ser un enfant terrible del narcotráfico. Por eso se llamaba "El hijo de la Tormenta".
Aquí van su primera versión, que por cierto, y aunque se publicó en otro formato y a dos páginas, nunca vio realmente un buen estilo de dibujo, por lo que las exhibo aquí, no sin demasiada vergüenza por mis trazos incipientes, burdos y llenos de admiración por Quino, Fontanarrosa, Crumb...
miércoles, 1 de marzo de 2006
Domitila
Cuando estaba todavía en la facultad (estudiando periodismo cuando debería de haber estado aprendiéndolo en la calle) la mera verdad es que me la pasaba haciendo dibujitos.
Uno de esos dibujitos era Domitila, una niña que no era otra cosa más que mi alterego, una chiquilla que no pasaba de los siete años pero que vivía en su mundo interior y que disfrutaba vivir de las cosas que imaginaba.
Estas dos son las primeras historietas que hice en mi vida. Se trataba de un ejercicio más cercano al comic, y aunque después de verla muchos me dijeron que me estaba fusilando a Mafalda y hasta a Buba, la realidad es que mi Domi era una niña rara, no necesariamente sabia, o lo era precisamente desde la carencia y no desde la brillante lucidez de la pibeta que odiaba la sopa o de lo aguerrida como Buba.
Planeaba darle todo un universo de oportunidades, acompañada de su osito de felpa y de su gato Dadá, pero esos capítulos fueron regalados a amigos o gente que ya no está en mi vida y que seguro ya los arrojó al cesto de la basura.
Rescato de la memoria a Domitila, por haber sido algún día mi vocera, mi espejo, mi niña freak.
Uno de esos dibujitos era Domitila, una niña que no era otra cosa más que mi alterego, una chiquilla que no pasaba de los siete años pero que vivía en su mundo interior y que disfrutaba vivir de las cosas que imaginaba.
Estas dos son las primeras historietas que hice en mi vida. Se trataba de un ejercicio más cercano al comic, y aunque después de verla muchos me dijeron que me estaba fusilando a Mafalda y hasta a Buba, la realidad es que mi Domi era una niña rara, no necesariamente sabia, o lo era precisamente desde la carencia y no desde la brillante lucidez de la pibeta que odiaba la sopa o de lo aguerrida como Buba.
Planeaba darle todo un universo de oportunidades, acompañada de su osito de felpa y de su gato Dadá, pero esos capítulos fueron regalados a amigos o gente que ya no está en mi vida y que seguro ya los arrojó al cesto de la basura.
Rescato de la memoria a Domitila, por haber sido algún día mi vocera, mi espejo, mi niña freak.
miércoles, 1 de junio de 2005
Una pésima influencia
José Hernández, agredido por mis plumillas en 2005
Publico esta entrega a escondidas de Pepe. Cuando conocí a José Hernández no esperaba que fuera tan joven. Su trazo magnífico, su claridad, oportunidad opinativa en el cartón político -que publicaba entonces en Milenio Diario-, su enorme cultura visual, cinematográfica, popular, musical, literaria, y su agudo sentido del humor me parecían el de un hombre que ha vivido demasiado, absorto de todo, aprendiendo de todo, guardando todo en la memoria...
Después de entrevistarlo para mi tesis de licenciatura, -asombrada por tooodo lo generoso y paciente que fue conmigo y apabullada por conocerlo- puedo decir llena de regocijo que, quién sabe por qué loca idea suya, decidió concederme el privilegio de su amistad.
No sólo eso, a casi ocho años de distancia puedo decir que ha sido una de las peores influencias en mi vida, porque después de verlo agotadísimo luego de dibujar páginas impecables para El Chamuco, angustiado por el país, sin una sola idea para un cartón a la hora de entrega y lleno de asuntos en la agenda, sigue dibujando con una calma, limpieza y pulcritud impresionantes, cumple siempre en la entrega con una imagen contundente, de una elocuencia brillante.
Jamás es autocomplaciente con sus monos, y aunque se lo elogien, siempre está exigiéndole más nivel a su trabajo. (Cuando le mostré este mono, incluso, me pareció verlo algo ofendido, porque la caricatura para él nunca será elogiosa.)
Me ha enseñado disciplina, rigor periodístico y amor por el oficio de caricaturista. Me ha enseñado a hacer las cosas bien de inicio a fin. Por eso es una pésima influencia, porque ya no puedo fingir que estoy aprendiendo y que a penas voy empezando, me ha educado el ojo, el criterio, por lo que mi trabajo debe cumplir con niveles de altos vuelos por principio, no por magia o supuesto talento, sino por un trabajo de pulimiento constante... Me pone una vara muy alta para saltarla...
Antes de que me concediera otro grandiosísimo privilegio, el de ser asistente editorial en El Chamuco y permitirme leer mi revista favorita antes que cualquiera, conversábamos mucho sobre moneros, trazos, estilos de dibujo, historias... Yo siempre aprendiendo, con el deseo de ser monera, pero aterrada de comenzar.
Muchas veces lo torturé con largas pláticas, diciéndole que no me gustaba mi dibujo, que quería hacer monos increíbles como los suyos y que por eso no me animaba a hacer monos. Como maestro zen, casi sin darse cuenta, me enseñó que lo más importante no es perseguir "el estilo", sino comenzar a hacer las cosas, comenzar al menos, como nos salgan. Dejar de tenerle miedo a hacer y hacer.
Tengo tanto que decir sobre lo mucho que me ha enseñado, sobre lo mucho que le agradezco su amistad y su guía, tanto de lo mucho que enseña hasta con publicar su cartón, que un día, cuando él se descuide tantito, voy a escribir su biografía.
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